Las sutiles perversiones en torno al Caldo de Cardán

Son las 5h45 del sábado, o, quizás del domingo, la noción del tiempo y del día de fin de semana no suele importar realmente; si sobran fuerzas y a uno lo encuentran los primeros rayos del sol bebiendo, una de las decisiones más comunes entre los grupos de amigos, es acudir a alguno de los múltiples restaurantes de Caldo de Cardán en la capital.

Caldo de Cardán | Foto: Internet

El Caldo

Es comúnmente descrito de dos formas: “levanta muertos” y “viagra criollo”. Fue calificado por el Notiamerica de España como uno de los siete platos más exóticos de la gastronomía latinoamericana y medios internacionales de la talla de la BBC o Reuters, han puesto sus ojos en el brebaje al que le han atribuido mágicas particularidades.

De manera general —y de la forma más menos agradable— no está demás mencionar que el ingrediente principal es un ‘pene de toro’; una analogía con un componente de conexión entre el los neumáticos y el motor de un vehículo terminó por darle el nombre popular a la sopa: Cardán.

Además del Cardán, la sopa contiene charque, una pieza de huevo duro, una pequeña porción de arroz y papas, en ocasiones un trozo de pollo y el caldo con una consistencia espesa por el colágeno del cardán estructuralmente compuesta por nervio.

«Un caldito recupera», comenta Hugo, junto a su amigo José, en un restaurante cerca de la Villa Bolivariana y agrega con hilaridad: «Cuando ya estás bien ‘mula’ no hay caldo que te salve», todos ríen y surgen las contradicciones.

El secreto quizás está en su tiempo de cocción, desde muy de noche las grandes ollas del brebaje hierben en las cocinas industriales de los restaurantes del Morro, La Terminal o Villa Armonía; “El nervio es duro” justifican las cocineras que agarradas de un fosforo encienden las concinas industriales a la media noche para tener lista la comida a las 6h00 de la mañana cuando llegan los primeros comensales.

Algunas Perversiones

Los primeros rayos del sol sobre el rostro de los bebedores son como un interruptor que activa el natural instinto de comer; no en todos, en la mayoría.

La decisión no es compleja, al notar el sol, la siguiente mirada es al reloj en la muñeca, o a la esquina del celular donde generalmente se ubica la hora, “vamos a comer un caldito” sugiere Manuel y los demás ya sólo terminan saboreando la sopa en sus mentes.

Todavía en una tenue madrugada, Manuel y los bebedores salen de donde quiera que se encuentren para tomar un taxi, las madrugadas en Sucre son heladas; “maestrito a los calditos del Morro, por favor, ¿Por cuánto a los cinco?” luego de una negociación llegar es cuestión de minutos.

Entre mareados y no mareados se alzan los madrugadores vapores calientes de platos muchas veces de barro; no es un ritual muy complejo todos entran en grupos, mínimo de dos, aunque siempre hay de los pocos solitarios que solo buscan el manjar.

Todos entran, se sientan muy altivos, entre hombres y mujeres, entre risas y gritos; y palabras sin ningún sentido se llenan las mesas a donde caen las cenizas de los cigarros y las latas de cerveza a medio tomar. Es cuando al más sano —Manuel— como castigo por su falta de embriaguez termina pidiendo el líquido recuperador “Cinco calditos casera”.

Entre lo que llega, las risas no faltan, las miradas con los parpados caídos son el común, una que otra pareja se arma y se intercambian los besos y las declaraciones. Para el embriagado, todo se ve borroso, entre lagunas.

Sin siquiera estar al tanto del tiempo, primero llegan las cucharas envueltas en una servilleta, es protocolar, luego, una decena de platillos pequeños llegan que contienen equivalentemente por lado, mote de maíz y cebolla verde picada en trocitos; además de la pequeña fuente final: la Llajua.

Es el momento; la ayudante de la casera llega con una charola entre sus manos dejando una estela de vapor en su camino, cuatro platos sobre el metal y el último ágilmente sobrepuesto sobre los otros; este es el primero que baja. Están calientes y se entre juntan los platos para que entren los cinco en una mesa para cuatro.

Y comienza el ritual gastronómico, entre risas y recuerdos recientes las cucharas combinan arroz, papa charque y nervio, no sin antes intercalar de entre sus manos el mote, una parte al plato y otra poca directamente a sus labios, —risas— es esencial que la cebolla esté flotando sobre la sopa y que no falte en cada cucharada; siempre hay quien comienza por el huevo duro, la yema entre caldo.

En el ambiente la cosa es similar, una mujer con la falda corta y los tacos entre sus dedos entra de la mano de su pareja, buscan un lugar y se sientan; el varón hace todos los trámites y a los pocos minutos acaramelados toman el caldo; más allá, un grupo de hombres y mujeres con varias cervezas vacías sobre su mesa exponen ruidosos sus “prendes” nocturnos.

Las frecuentemente figuras nocturnas del hampa sucrense, se hacen presentes en esta luz diurna, una prostituta fémina tomada del brazo de otra transexual pasan por entre las mesas buscando el baño, sonriendo; roban la mirada de mareados y no mareados que a los pocos segundos se comentan a los oídos sobre el verdadero género de la acompañante; “ese maraco te está buscando” se oye decir a alguien que intenta hablar bajo, pero que por el ruido de la música termina hablando para todos.

La rocola, tiene nueve canciones en cola; entre chicha, cumbia y reguetón se ubica una de Rata Blanca; el hombre con la décima moneda voltea extrañado por la pieza y descubre que una de las mesas es ocupada por un greñudo vestido de negro y sus amigos no tan expresivos; prejuicioso los mira y vuelve a su concentración buscando su propia pieza, la encuentra y un sonido como abriendo una botella sale de la maquina confirmando el ingreso de la moneda.

Lee la nota completa en nuestra edición Impresa de La Crónica

Next Post

La economía de las Tripas

Transcribimos la conversación que tuvieron dos estudiantes de economía en una de las esquinas del Estadio Patria en 2015 donde se comercia todas las tardes las conocidas tripitas con mote y papas. Un mapeo social desde un fragmento de la teoría de Marx.